Tipos de textos académicos
Cuando leemos, tenemos que darnos cuenta de qué tipo de texto tenemos delante. Para la investigación teológica, será necesario leer libros de texto, artículos, libros monográficos, obras de referencia, diccionarios e incluso blogs y otros contenidos en la web. Las expectativas que tenemos para cada uno serán un poco diferentes, y nuestras metas al leerlos también.
1. Manuales de introducción
Los manuales de introducción son libros de carácter general que ofrecen resúmenes de varios temas de un área de estudio. Incluyen las introducciones al Antiguo o al Nuevo Testamento, los libros de teología sistemática y los libros generales sobre la historia de la iglesia. Muchas veces, estos libros están divididos en capítulos para consultarlos mejor. Sus capítulos suelen poder leerse de forma independiente del resto del libro.
Los manuales de introducción también son muy útiles para la investigación, porque ofrecen introducciones a temas específicos, normalmente con bibliografía (ver «Escogiendo un tema» en «La investigación»).
2. Libros de referencia
En esta categoría se incluyen diccionarios, enciclopedias y comentarios. No son libros escritos para leer de principio a fin (¡vaya tostones!), sino que están diseñados para consultar sobre temas específicos.
Los libros de referencia ayudan en la investigación para orientarse sobre un tema, averiguar definiciones, consultar información técnica sobre alguna cuestión y, muchas veces, encontrar más bibliografía.
3. Artículos y libros monográficos
Existen dos tipos de escritos monográficos (que tratan de un solo tema). Por un lado, abundan artículos publicados sobre casi todos los temas bíblicos, doctrinales, históricos y prácticos que puedas imaginar. Estos artículos suelen publicarse en revistas teológicas o como capítulos de libros. Por otro lado, se publican muchos libros que abordan un solo tema. La diferencia entre los artículos y los libros monográficos es que los libros son más largos y abordan sus temas desde más perspectivas, o presentan argumentos y evidencias más abundantes o diversos.
En la investigación, estas obras suelen cobrar una importancia mayor que la de los manuales de introducción porque proporcionan información y argumentos más específicos sobre sus temas. A veces hay que leerlos con mucho cuidado durante la preparación de un trabajo o ensayo.
4. Contenido digital
Existen textos publicados únicamente en la web que no han pasado por el filtro de edición para su impresión en revistas o libros (p. ej., blogs, artículos u otros tipos de escritos en páginas web). Por lo general, este tipo de contenido no suele tener la misma calidad que los textos publicados en papel. Un buen blog puede servir para ver algunas ideas sobre un tema o, tal vez, para encontrar una recomendación de un texto publicado, pero normalmente no se debe citar en los trabajos escritos. Para más información sobre el uso de estas fuentes, consulte «Usando recursos de Internet».
5. La Biblia
En casi cualquier facultad teológica se imparten algunas asignaturas dedicadas especialmente a la lectura de la Biblia (como la hermenéutica o la exégesis). Incluso podríamos decir que todo el currículo teológico está pensado para hacernos mejores lectores de la Biblia, por lo que no vamos a profundizar en la lectura bíblica aquí. No obstante, cabe un inciso. Surge la pregunta: ¿leemos la Biblia como cualquier otro libro? La respuesta a esta pregunta es «sí y no», y se trata ampliamente de ella en varias asignaturas. Por ahora, consideremos sólo dos cosas:
Más en «La lectura»:
- ¿Sabes leer?
- La prelectura
- Profundizando en los textos
- Tomando apuntes
- Hábitos personales
1. Manuales de introducción
Los manuales de introducción son libros de carácter general que ofrecen resúmenes de varios temas de un área de estudio. Incluyen las introducciones al Antiguo o al Nuevo Testamento, los libros de teología sistemática y los libros generales sobre la historia de la iglesia. Muchas veces, estos libros están divididos en capítulos para consultarlos mejor. Sus capítulos suelen poder leerse de forma independiente del resto del libro.
Los manuales de introducción también son muy útiles para la investigación, porque ofrecen introducciones a temas específicos, normalmente con bibliografía (ver «Escogiendo un tema» en «La investigación»).
2. Libros de referencia
En esta categoría se incluyen diccionarios, enciclopedias y comentarios. No son libros escritos para leer de principio a fin (¡vaya tostones!), sino que están diseñados para consultar sobre temas específicos.
Los libros de referencia ayudan en la investigación para orientarse sobre un tema, averiguar definiciones, consultar información técnica sobre alguna cuestión y, muchas veces, encontrar más bibliografía.
3. Artículos y libros monográficos
Existen dos tipos de escritos monográficos (que tratan de un solo tema). Por un lado, abundan artículos publicados sobre casi todos los temas bíblicos, doctrinales, históricos y prácticos que puedas imaginar. Estos artículos suelen publicarse en revistas teológicas o como capítulos de libros. Por otro lado, se publican muchos libros que abordan un solo tema. La diferencia entre los artículos y los libros monográficos es que los libros son más largos y abordan sus temas desde más perspectivas, o presentan argumentos y evidencias más abundantes o diversos.
En la investigación, estas obras suelen cobrar una importancia mayor que la de los manuales de introducción porque proporcionan información y argumentos más específicos sobre sus temas. A veces hay que leerlos con mucho cuidado durante la preparación de un trabajo o ensayo.
4. Contenido digital
Existen textos publicados únicamente en la web que no han pasado por el filtro de edición para su impresión en revistas o libros (p. ej., blogs, artículos u otros tipos de escritos en páginas web). Por lo general, este tipo de contenido no suele tener la misma calidad que los textos publicados en papel. Un buen blog puede servir para ver algunas ideas sobre un tema o, tal vez, para encontrar una recomendación de un texto publicado, pero normalmente no se debe citar en los trabajos escritos. Para más información sobre el uso de estas fuentes, consulte «Usando recursos de Internet».
5. La Biblia
En casi cualquier facultad teológica se imparten algunas asignaturas dedicadas especialmente a la lectura de la Biblia (como la hermenéutica o la exégesis). Incluso podríamos decir que todo el currículo teológico está pensado para hacernos mejores lectores de la Biblia, por lo que no vamos a profundizar en la lectura bíblica aquí. No obstante, cabe un inciso. Surge la pregunta: ¿leemos la Biblia como cualquier otro libro? La respuesta a esta pregunta es «sí y no», y se trata ampliamente de ella en varias asignaturas. Por ahora, consideremos sólo dos cosas:
- La Biblia es un documento plenamente humano. Esto significa que debemos leerla cuidadosamente, prestando atención a su lenguaje, sus contextos, etc., sin esperar que Dios nos dé el entendimiento mediante un zapping. Si la queremos entender, hemos de dedicarle tiempo a estudiarla, como cualquier otro libro.
- La Biblia también es un documento plenamente divino, inspirado. Esto significa que debemos leerla con una actitud distinta de la que adoptamos al leer cualquier otro documento (recordad la famosa frase: «la fe precede a la razón»). Mientras leemos todos los demás textos con empatía, pero a la vez con un ojo crítico, nunca debemos someter la Biblia a la crítica, en el sentido de valorar sus méritos. ¡La Biblia nos juzga a nosotros, no a la inversa!
Más en «La lectura»:
- ¿Sabes leer?
- La prelectura
- Profundizando en los textos
- Tomando apuntes
- Hábitos personales